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Ahmad Yacoub
Palestina
VI
Las cosas hierven,
hierven hasta los vientos en las cuevas,
enciendo el último de los fósforos que me queda,
y me busco
en una tarde de julio.
Niña mía:
¿Cómo quieres que sea yo?
¿Un fósforo?
¿Me acuesto con los demás
en una caja de fósforos?
Lloro a quien instala
un horizonte de papeles
con ritmos de zapatos de hierro!
Mi alma es una cigüeña de broza,
los espejos crecieron en el jardín del mar,
los ayes son un haz de luz escarlata,
cavando un pozo en el aire,
el violeta prolonga el cuello en los cementerios,
su torno es un devasto ,
se extiende hacia un devasto …
Parad,
parad,
¡cuánta basura!
parecen gallos adornados!
monarcas,
ferias de zapatos!
ah!
corazón hecho de madera de barcos
¿Cómo seguiré siendo una luz encendida?
Patria mía,
en un icono de un místico
te voy a queratinar,
y te voy a beber
con todo al handal,
con la granada del esplendor.
Con saturación te bebo,
y te quejo para una foca
antes de que me disuelva
como una delicada sal
en una sopa de pólvora.
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